Juan Crespo: “Mientras la gente de mi edad se divertía en ‘El Huerto’, yo me dedicaba a organizar carreras”

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Hablar de Juan Crespo es hablar de deporte. Fundador y aún hoy presidente del Valdepeñas Athletics Club, atleta, entrenador, deportista, empresario, pero sobre todo, persona. Ha dedicado toda su vida al deporte y aún hoy practica atletismo y muchos otros deportes. De hecho, se está preparando para correr la Maratón de Berlín. Se ha pasado la vida organizando y animando eventos deportivos y también ha demostrado tener un gran corazón colaborando en causas solidarias, apoyando a organizaciones benéficas, como es el caso de AFAD, asociación a la que está muy unido. Por todas estas cosas, el Ayuntamiento le ha concedido la Medalla del Deporte ‘Caridad Ortega’, una distinción que ha sido la excusa perfecta para charlar con él y rescatar muchas de esas anécdotas que ha vivido a lo largo de su vida y que estaban en un rincón olvidado de su memoria. Así es él. Al natural.


¿Qué significa para ti que el Ayuntamiento te conceda la Medalla del Deporte?


Un orgullo y un honor. El mirar hacia atrás y ver que todo lo que has hecho ha merecido la pena. Los premios no creo que se busquen ni hay que pensar en ellos pero cuando te hacen un reconocimiento así piensas que ha merecido la pena todo el esfuerzo y el tiempo que has dedicado a mi vida porque toda mi vida ha estado ligada al deporte. Porque mi vida siempre ha estado ligada al deporte, con la natación, después con el atletismo y hasta el día de hoy en el que he conseguido montar mi propio ocio-negocio con una tienda de deportes. Y encima sigo haciendo muchas actividades deportivas. Me lo he montado bien.


¿Por qué crees que te la conceden?


Eso no lo tendría que responder yo pero pienso que es a toda una trayectoria. Yo empecé a competir con 13 años con el club Caridad Ortega, que luego desapareció y con 17 años varios amigos fundamos el Valdepeñas Athletics Club. Empezamos a mover la escuela de atletismo, que contaba con 150 niños cuando yo tenía 22 años. Y todavía soy presidente del club que fundé. No hace mucho me preguntaban si no era cansino estar todos los domingos con el micrófono en eventos deportivos. Pues yo creo que el deporte es un estilo de vida que te ayuda en tu vida, en tu persona, a canalizar frustraciones. A mí me ha ayudado mucho a saber enfrentarme a los problemas, a darme cuenta de que sin trabajo y sin constancia no consigues nada en la vida. Todo eso para mí ha sido fundamental. Y en todos los eventos que montamos intento transmitir eso, energía, alegría, estilo de vida del deporte. Creo que lo de la Medalla del Deporte viene por esas cosas, por haber estado siempre en tantos eventos, organizando tantas cosas y colaborando con asociaciones benéficas como AFAD.


Y además que a AFAD también le han concedido este año la Medalla al Trabajo Desinteresado…


Es cierto. Yo empecé con AFAD haciendo la mili porque yo fui objetor y el club deportivo de AFAD lo fundé yo. Por otro lado, yo he sido deportista pero a nivel deportivo no he conseguido los triunfos que otra gente sí ha conseguido como, por ejemplo, Fede García Toledo. A él lo entrenaba yo y fue de los mejores de España en 1.500. Dunia Mahassin, que también la he entrenado yo, ha estado en europeos y en campeonatos de España y ha ganado todo lo que podido. Así que la Medalla no creo que sea por los resultados deportivos que he tenido, es más por el trabajo global.


A lo largo de los años que llevas dedicado al mundo del atletismo ¿te has encontrado o has descubierto a gente que valga para dedicarse profesionalmente a este deporte?


Como llevo en esto tantos años, he pasado épocas en las que la gente que era buena podía vivir del atletismo y ahora estamos en una época en la que hay gente muy, muy buena que malvive del atletismo porque hay becas muy pequeñas, hay apoyos mínimos, y es muy difícil vivir del atletismo. A los atletas que entreno les aconsejo que se saquen sus estudios y se preparen con una profesión porque el atletismo es una maravilla los años que pasas dentro, te forja como persona, te hace resilente y diferente a otras personas pero no te da para vivir. Tienes que tener balas en la recámara para que cuando se acabe tu etapa como atleta puedas vivir de otra cosa. Es un deporte de los pobres pero todavía hay deportes que ganan menos y son igual de válidos. Ahora mismo tenemos una chica, Carolina Marín, dos veces campeona del mundo de bádminton y tiene una beca olímpica, no tiene más. Ganará 20.000 euros al año que le paga su federación o el Consejo Superior de Deportes y la estamos viendo en todos los medios de comunicación. Y con 20.000 euros al año se puede vivir pero justo.


¿Has encontrado a gente que valiera para el atletismo pero que tuviera que dejarlo para ponerse a trabajar?


Sí, hay gente que era muy buena pero que ha tenido que dejar de competir. De hecho, cuando yo colgué las zapatillas, me di cuenta de que no podía seguir sólo con el atletismo. Y fue cuando empecé con el proyecto de la tienda.


¿Tienes alguna anécdota de todos estos años?


Miles de anécdotas. Desde gente con la que entrenaba en mi juventud y que viene a verme después de muchos años, a gente a la que he entrenado hace tiempo y con la que mantengo todavía una bonita amistad. Más que anécdotas son cosas muy buenas. Anécdotas por ejemplo, cuando me compré mi primer coche, un Simca 1200, nos metíamos 7 u 8 en el coche y nos íbamos a los pueblos a correr en verano. O irnos un día a Toledo a competir y quedarnos tirados en la carretera. Recuerdo también mis primeras competiciones con Vicente García Navarro en las que íbamos a correr 5 ó 6 personas con unas únicas zapatillas de clavos y cuando terminaba uno, se las ponía el otro.


Y como club lo he vivido de todas las maneras posibles. Siendo unos críos y organizando carreras en los pueblos con un megáfono encima de mi coche y recorriendo pueblos de Manserja haciendo las carreras que hacíamos dentro de Manserja. Lo del Atletismo en la Calle, que hacíamos carreras en todos los barrios. Son tantos años… Yo me he hecho empresario y persona en la mejor escuela que puede haber, que es montar una empresa sin que te cueste dinero. Yo monté una empresa porque al fin y al cabo un club es como empresa. O sea, que todo lo que tuve que aprender para llevar el club, mis capacidades para relacionarme, mis habilidades sociales, mis capacidades de gestión y organizativas las aprendí siendo un crío con 17 ó 18 años. Mientras otra gente de mi edad estaba en El Huerto, que era la discoteca que había por aquel entonces, yo estaba organizando carreras y trabajando.


Aparte de atletismo, ¿qué otros deportes practicas?


Con los años he descubierto que lo que más me recarga, aparte de correr, es el monte y la alta montaña, que es una maravilla. Cuando estás en un espacio natural inmenso te das cuenta de lo bello que es lo que nos rodea, que no hace falta tener grandes coches ni grandes casas para darte cuenta de que estamos rodeados de maravillas. Así que hago trekking, sobre todo en Sierra Morena, aunque cuando puedo me escapo a los Pirineos, ahora hemos estado también en los Cárpatos… En invierno practico esquí porque tiene también un componente paisajístico, en verano hago natación pero lo que más hago es correr. Además, ahora tengo un proyecto en la cabeza, que es correr el Maratón de Berlín y estoy en ello. Aunque también me gusta el kayak, buceo… Hago de todo un poco.


¿Piensas que los jóvenes de antes eran más deportistas que los de ahora o al revés?


No, hay gente a la que le gusta el deporte y gente a la que no. También influye el ambiente en el que has crecido. Si has visto a gente desde pequeño practicando deporte, tienes más posibilidades de que te guste el deporte. Pero ahora hay más gente que nunca aficionada al deporte. Estamos en una época en la que el deporte está de moda. Todo el mundo quiere ir al gimnasio, le gusta tener buen cuerpo, sentirse bien… Creo que hay mentalidades diferentes entre ahora y antes. Cuando era joven y competía era un bestia entrenando y sigo teniendo esa mentalidad de que hay que entrenar y trabajar duro. Y la gente de ahora es más delicada, tiene más estímulos por fuera y entonces no teníamos nada más.

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