Miles de personas recibieron a la Virgen de Peñarroya en su vuelta a La Solana

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100918 SOL VIRGEN


Tras un intenso fin de semana con romería en el Castillo de Peñarroya, los solaneros se echaron a la calle para recibir a su patrona. Miles de personas dieron la bienvenida a la virgen en el recorrido que discurre desde el altar situado junto a la Plaza de Toros hasta la ermita de El Humilladero.

Un itinerario que, esta vez, fue más lento de lo habitual. La cofradía tenía claro que quería disfrutar ese momento y compartirlo con la gente sin prisa alguna. Así lo reconoció la propia presidenta de la cofradía, Rosa Sánchez, a la prensa local. La patrona se fue parando con todos los enfermos, ancianos y bebés que la requerían. Una circunstancia que dilató el pasacalles hasta prolongarlo por espacio de hora y media.

El cochecillo de la virgen fue descubierto, como es costumbre, por el alcalde de la localidad Luís Díaz-Cacho y en presencia de la mayordoma. En ese momento, sonaron los acordes del Himno de La Solana interpretado por la Banda Municipal de Música. Acto seguido, los clásicos ‘vivas’ entonados por el primer edil. Seguidamente se entonó el Himno de la Virgen que fue seguido y cantado por la multitud, correspondiendo finalmente con más ‘vivas’ de los devotos.

La virgen desfiló con parsimonia entre la marea humana, recibiendo el cariño de todo el pueblo. Junto a la imagen, acompañaron las autoridades, clero y el joven capitán Gabriel Díaz-Cano Naranjo, además de un nutrido número de fieles. Detrás desfilaron más de medio centenar de vehículos. Algunos de ellos al más puro estilo carnavalesco. No por la decoración, que puede ser muy respetable, sino por el ruido de los potentes altavoces que parecía una competición para ver quién era el más estridente. Un buen número de caballos y algún carruaje, también acompañaron el desfile hasta el Humilladero.

La respuesta de los solaneros fue notoria

La presidenta de la cofradía, Rosa Sánchez, destacó la gran participación de solaneros en estos primeros actos. La romería se desarrolló con normalidad y sin ningún tipo de incidente, celebrándose diversos actos religiosos en el castillo. La virgen fue llevada otra vez a los jóvenes, como en los últimos años. ‘Si ellos no van a ver a la madre, pues que vaya ella a ver a los jóvenes y se den cuenta que la virgen está con ellos’, recalcó la presidenta a la prensa local. Misma circunstancia ocurrió, como ya se ha dicho, en el traslado matinal.

A partir de ahora, afrontan con mucha ilusión estos cuatro meses en los que la patrona estará en La Solana, haciendo un llamamiento a fieles y pueblo en general para que la virgen note el calor de los suyos. El objetivo es que las muestras de cariño de los solaneros no sean efímeras de un día, sino que también acompañen a la madre durante su estancia en la localidad.

La presidenta agradeció profundamente la respuesta de los solaneros con su virgen. Lo más inmediato será la Semana de Exaltación, con diversos actos programados que finalizarán con el Ofrecimiento del domingo. Luego vendrá el novenario y la posterior subida de la virgen a su camarín de la parroquia de Santa Catalina que se abrirá cada sábado.

Solemne procesión de subida

Por la tarde, se celebró la procesión de subida desde la ermita de El Humilladero hasta la parroquia de Santa Catalina. Con cielo amenazante de tormenta, aunque con buena climatología, se desarrolló el trayecto en loor de multitudes.

La virgen desfiló con un vestido color crudo en su carroza bellamente engalanada con multitud de flores blancas. El carruaje fue precedido por el tradicional baile de las banderas y escoltado por un gran número de alabarderos. La Agrupación Musical de San Sebastián y la Banda Municipal de Música acompañaron con sus marchas procesionales. Clero, autoridades y capitán, completaron el cortejo.

El concierto más corto de la historia

Finalizada la procesión, la Banda Municipal de Música comenzó con su tradicional concierto de pasodobles en la Plaza Mayor. El colectivo tenía prepara un repertorio de media docena de partituras de corte taurino, pero la lluvia impidió tal acontecimiento.

La llegada de una gran tormenta con abundante aparato eléctrico y la incesante lluvia abortó la actuación cuando la banda había interpretado un pasodoble y medio. El poco público asistente pudo escuchar ‘Amparito Roca’ y los primeros compases del pasodoble ‘Olé’, cuando comenzaron a caer unas gotas que pronto se convirtieron en un abundante aguacero.