El correcto gaullismo del PP

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Desde 1965 la Quinta República de Francia elige al Presidente a doble vuelta. Con ello se conseguía – según De Gaulle – una doble verdadera hazaña democrática: los franceses que se quedaban sin representar en el Ejecutivo en la primera vuelta podían tener la oportunidad de quedar representados en la segunda votando a uno de los dos candidatos finalistas, y, por otro lado, se conseguía así que el Presidente de la República saliese siempre elegido por más de un 50% de los votantes franceses. Y lo decidido por la mayoría absoluta del cuerpo electoral se equipara al interés general o el bien común, en virtud de una pura convención del Mundo Clásico, y reinventada después por la filosofía del utilitarismo inglés, así como también aceptada en todos los sistemas de administración de un colectivo, sea político o privado. La democracia, juego decisional de mayorías y minorías, descansa en esa convención práctica. Y ya el propio Rousseau lo sabía, cuando negaba incluso que la voluntad general coincidiera con la unánime.


Los votos expresan la identificación de la voluntad del votante con la del votado. De las urnas sale lo que ha entrado en ellas; sumas de votos de identificación con lo votado. El voto ejecuta la moraleja espiritual del debate político; por todo ello no debe haber consenso entre Pablo Casado y Soraya Sáenz de Santamaría, porque sería engañar las voluntades de los votantes y negar la presunta sinceridad del votado. Nunca es bueno el resultado de unas bocas de urnas mudas, babeadas por los cortesanos flabelíferos de los Jefes de Partido. La lealtad produce ciudadanos y compañeros; la fidelidad, súbditos. Sólo elige verdaderamente quien obedece a un impulso de nobleza, de libertad y de verdad.


Si en las elecciones al Presidente del Partido Popular no hubiese doble vuelta, los afiliados que han votado a Cospedal, a Margallo o a Juan Ramón no podrían quedar representados. Es así que el sistema gaullista garantiza que al menos más de la mitad de los votantes asuman el riesgo de elegir al Presidente.


Pero además de garantizar que el Presidente del Partido Popular sea elegido por más de la mitad de los compromisarios, también este Congreso debe activar los principios fundantes del Partido que la actualidad urgente y trepidante de las tareas de gobierno – que deberían expresarse en infinitivos históricos - había obliterado. El Partido Popular no puede seguir adaptándose de modo simiesco a las hazañas estético-gramaticales de una izquierda liquidadora y carente de horizontes políticos verdaderos, y debe buscar su mejor inspiración en el humus de sus bases, que aún guardan los principios como un tesoro. O el PP asume de nuevo con energía los valores de su propio ideario, aún vivo en sus bases de provincias, o la derecha social ( y el centro moderado) tendrán que buscar otro instrumento político más eficaz. Así de simple. Lo que somos, esto es, nuestros principios y valores, nos debe llevar al obrar político, y no el obrar político puede llevarnos nunca a ser. “Operari sequitur esse”.


Por otro lado, el debate en este “caucus” del centro-derecha español no puede suponer una causa general hostil e implacable al propio Gobierno del PP, defenestrado no por la voluntad de los ciudadanos sino por los intereses hirsutos e inconfesables de una suma de minorías del Poder Legislativo que se ha quedado de espaldas al cuerpo electoral. Un gobierno cuyas urgencias políticas – crisis económica, desafío independentista – lo han tenido en la flagrancia de apagar continuos fuegos que por su peligrosidad e inminencia le han impedido explicar muchas veces, con claridad y sosiego, la doctrina con que ejecutaba los actos de Gobierno, y desarrollar sus propios principios y valores ( ley electoral que no llegó a hacerse, una ley de educación más contundentemente liberal, etc.). La inmensa mayoría de los afiliados del PP han adorado el trabajo que como gobernante realizó su líder Mariano Rajoy. La idea lógica sería reivindicar lo mejor de Rajoy como patrimonio de todos, tanto de Soraya como de Pablo, y de subrayar la importancia que debe tener volver siempre a los principios doctrinales y valores de un Partido que debe custodiarlos como su tesoro y su corazón. Llegar al Gobierno nunca puede volver a significar vaciar de producción de pensamiento político las sedes del Partido. El regreso de María san Gil al “redil” popular ha alegrado y emocionado a todos los afiliados, pero no todos los regresos son buenos apoyos a las dos candidaturas y, por ende, al Partido Popular.


También debería destacarse de un modo sutil en este debate entre compañeros que el futuro del PP está indisolublemente ligado a la permanencia de la Monarquía y que apoya incondicionalmente al Rey como principal bastión-símbolo de todas nuestras libertades y de la unidad nacional. Asimismo, el primer gran problema que debe tratar de resolver el inminente Congreso del PP es el de limpiarse de la roña socialdemócrata con que muchos afiliados se han impregnado merced a los mayoritarios medios de comunicación; una vez convertida por los todopoderosos medios de izquierda la teoría política socialdemócrata en norma del espíritu público, comenzaron las rutinas de conservación de esa idea letal transformada en realidad política. Los principales enemigos hoy del PP serán las resistencias – también las del propio Partido – de la inercia mental suicida que se opone por hábito a toda forma de cambio político, al triunfo de la libertad, si puede decirse, de una verdadera democracia liberal, a la que está vinculado indisolublemente el Partido Popular. Desgraciadamente el Partido Popular en sus años de gobierno no pudo oponerse a la hegemonía cultural de este derrotista espíritu socialdemócrata que reina sin duda en la sociedad española; es verdad que no era fácil enfrentarse a él, pero se podía al menos no haberlo alimentado.


En resumen, aunque un Congreso es siempre un lugar peligroso y muchas veces antiestético, en cuanto que hay en los seres humanos mayor propensión natural a la obediencia que a la libertad de acción responsable, tenemos que hacer todo lo posible para que el resultado de este Congreso suponga toda una conmoción mental que se traduzca en predisposición inmediata a reconquistar el gobierno para la mayoría social de España en nombre de la democracia, de una sociedad abierta y de la unidad nacional.


Martín-Miguel Rubio Esteban

Portavoz del Grupo Popular del Excmo. Ayuntamiento de Valdepeñas y compromisario al XIX Congreso Nacional del Partido Popular