'La copla sabe de leyes', de Rosa Peñasco

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120618 VA LIBRO


Joaquín Brotóns Peñasco

www.joaquinbrotons.com


La Universidad Nacional de Educación a Distancia acaba de publicar la segunda edición del magnífico libro: “La copla sabe de leyes”, que es un trabajo realmente fascinante.


He de confesar mi admiración por el tan denostado y maltratado mundo de la copla, que, unido al Derecho, son dos disciplinas que me han interesado siempre -el primero más que el segundo-, dado que no terminé la carrera de Derecho en la citada Universidad, donde sí que compartí aulas con compañeros excelentes y recuerdo especialmente a uno, que siempre que nos juntábamos en Valdepeñas, en el antiguo bar-restaurante: “6 de Junio”,-frente a la UNED-, para ir a la clase de Derecho Romano, decía: “Joaquín, vamos a Romano, que a el esclavo mano muti y a la esclava mete mano”.


Bromas aparte, el Derecho es algo muy serio, ya que en él se basa la Ley, que yo nunca he creído a pie juntillas eso de que es igual para todos, dado que si tienes dinero para pagar una fianza, no entras en la cárcel, de momento, pero el que no tiene donde caerse muerto, sí, así que no es igual para todos, en mi opinión, aunque ya sé que me van a despellejar vivo algunos letrados, que me dirán, que la Ley es igual para todos, pero yo pienso, que no así su aplicación, respuesta que me confirmó mi buen paisano y amigo, mejor jurisconsulto y excelente persona Carlos Santa María Blanco, tristemente fallecido y uno de los abogados más sensibles, inteligentes y honestos que he conocido en mi vida, que, además, tenía una cabeza muy bien amueblada.


Pero me estoy saliendo del tema, así que regreso a él. “La copla sabe de leyes”, es un espléndido estudio, en el que su autora relaciona el mundo de la copla y el Derecho-especialmente el Derecho de Familia-, que tan unidos están, aunque parezca que no.


EL LIBRO


El tomo se abre nada más y nada menos que con un prólogo del prestigioso jurista Baltasar Garzón y otro del nunca bastante llorado artista Carlos Cano, así que, mejores padrinos no ha podido tener la autora, que es Doctora y profesora de la UNED, además de prolífica y heterodoxa escritora, que tiene una voz propia y singular, que es lo que tiene que tener todo verdadero creador, como lo demuestra en sus 36 libros: 2 novelas, 8 poemarios, 7 ensayos, 9 guiones, 7 cuentos, 2 biografías y 1 aforismos.


El citado volumen que reseño y que tiene 310 páginas, nos hace un amplio recorrido por las leyes y las pasiones prohibidas…, los hijos, los celos, los arrebatos y la marginación en general, que abundan en las letras de canciones y coplas cuya relación con el Derecho es palpable, visible, en las que narra brevemente más de doscientas, entre las que destaco las que más gustan al artífice de el artículo, como: “Madrina” “¡Ay pena, penita pena!”, “Zambra de mi soledad”,“Cinco farolas”, “Como a nadie te he querío”, “Como mi mare ninguna”, “En el quicio de la puerta”, “En tierra extraña”, “Falsa monea”, “La bien pagá”, “Suspiros de España”-que me hace llorar-, “Yo soy esa”, “Y sin embargo te quiero”…, genialmente cantadas por interpretes, entre otros/as como el gran Miguel de Molina, mi paisano y amigo Tomás de Antequera o doña Concha Piquer, que borda: “Tatuaje”, canción que me llena de nostalgia y me retrotrae a mi años de vida y rosas…


Dicha canción, que recuerdo terminamos cantando la noche, en la que el reputado escritor Luis Antonio de Villena (Premio de la Crítica) me presentó mi libro: “El Espejo de la Belleza”, en Madrid, en la: “Casa de Castilla- La Mancha”, donde hizo una soberbia presentación, en la dijo: “Joaquín Brotóns es verdaderamente un poeta, cosa frecuente de nombre y rarísima en la realidad”, palabras que me emocionaron y que nunca podré agradecerle bastante.


Aquella noche de 1983, tras terminar el acto, invité a cenar a el citado Villena, el actor e íntimo amigo y paisano Valentín Hidalgo Rubio, junto a un servidor de ustedes, que compartimos el vino y la amistad en un restaurante ya desaparecido, que había en aquel malfamado barrio de la Capital del Reino, en: “Chueca”, cuando estaba atestado de vida nocturna diariamente y donde más locales había abiertos para homosexuales y bisexuales, aunque había de todo, como en botica, ya que fueron unos años plenos de libertades de todo tipo, en que los españolitos/as abandonamos el negro y oscuro túnel de la larga y represora dictadura franquista, que condenaba a la cárcel a los gays y les aplicaba la ley de: “Vagos y Maleantes” o la de: “Peligrosidad Social”, aunque ésta última estuvo vigente hasta 1995, pero en honor a la verdad, en 1982, después de ganar las elecciones los socialistas, se dejó de aplicar.


En fin, no quiero extenderme más y terminar siendo aburrido, ya que el libro de Rosa Peñasco, es un texto divertido y cercano, en el que vemos claramente la relación entre el Derecho de Familia, las leyes relacionadas y la copla, género, que nos narra con pasión y emoción el amor, el desamor, el compromiso, los abandonos del hogar…, la incompatibilidad de caracteres, las relaciones estables, el matrimonio, la separación, la nulidad y el divorcio, incluso las relaciones entre parientes y muchas manifestaciones de los sentimientos humanos más profundos, pero todo ello pasado por un fino matiz que hace, que el frío y apasionante mundo del Derecho, sea algo muy entretenido.


No dejen de leer este libro, que es realmente interesante para todo tipo de lectores, pero particularmente para los amantes de la copla y el Derecho, como es mi caso.


Y pongo punto y final con la letra de: “Tatuaje”, que mí admirada doña Concha Piquer, cantaba como los ángeles e interpretaba la nombrada y preciosa canción, que tantas veces de farra he entonado en las noches intensamente vividas de mi juventud, junto a mis entrañables amigos y paisanos los grandes artistas, el pintor Óscar Benedí y el actor Valentín Hidalgo, ambos ya fallecidos. Os dejo, amables lectores con: “Tatuaje”:


“Él vino en un barco, de nombre extranjero. Lo encontré en el puerto un anochecer, cuando el blanco faro sobre los veleros su beso de plata dejaba caer.


Era hermoso y rubio como la cerveza, el pecho tatuado con un corazón, en su voz amarga, había la tristeza doliente y cansada del acordeón.


Y ante dos copas de aguardiente sobre el manchado mostrador, él fue contándome entre dientes la vieja historia de su amor…”


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