Historia de la taberna más antigua de Madrid: 'Antonio Sánchez', de Antonio Pasies Monfort

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Joaquín Brotons Peñasco.

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A mi viejo amigo y paisano Victoriano Sánchez, que en los años 70 era conocido con el seudónimo de “NIN”, en el diario Lanza de Ciudad Real, en el que colaboraba muy asiduamente con crónicas deportivas, le pedí, por favor, que me comprara en una librería de Madrid un ejemplar de la edición del libro: “Historia de la taberna más antigua de Madrid: Antonio Sánchez –siglo VXIII- y otras viejas tabernas de Lavapiés”, dada la unión íntima, casi familiar, que tengo con dicha tasca ilustrada de Antonio Sánchez, ya que, durante más de 60 años la bodega que fundó mi abuelo Joaquín Brotóns Fenoll en 1920, en Valdepeñas, bajo el nombre de: “Santa Pola”, la abasteció con sus vinos blancos y tintos, dado que, en 1944, cuando mi antepasado citado, creó junto a sus hijos varones: Matías, Joaquín y Francisco- padre del autor de ésta crónica- la sociedad mercantil: “Matías Brotóns, Hermanos y Compañía”, que, posteriormente, en 1952, tras la muerte del fundador, pasó a denominarse: “Matías Brotóns y Hermanos” hasta 1967, que la familia acordó convertirla en sociedad anónima, bajo la razón social de: “Matías Brotóns”, S.A.”, las antedichas bodegas continuaron surtiendo el vino a la mencionada tasca histórica, hasta el cierre de las bodegas familiares en 1992.


EL LIBRO


El autor del libro es el escritor Antonio Pasies Monfort, y ha sido publicado por Ediciones: “La Librería, tomo que consta de 184 páginas, pero se lee con mucha facilidad, dado que está dividido en una veintena de capítulos y lleva más de un centenar de fotos en blanco y negro: grabados, mapas, óleos, retratos…, incluido un álbum fotográfico a color, lo que hace que su lectura sea muy cómoda, interesante y sumamente entretenida, especialmente para los amantes de la historia de Madrid y, en particular, de los locales que tienen una o varias centurias, emblemáticos y cargados de historias y leyendas…


La citada taberna, cuya apertura se pierde en la noche de los tiempos, dado que data del siglo XVIII, pero se mantiene sin reformar-salvo el suelo-que yo lo conocí de madera-, los antiguos retretes y la nueva cocina, lo que la convierte en una auténtica joya, una alhaja única, que, actualmente, funciona como Taberna-Restaurante con una amplia carta y a precios normales, dentro de la línea de la categoría de estas tascas centenarias (en las que es un privilegio poder tomar el aperitivo o quedarse a comer o cenar), que, en este caso son dos veces, -aunque hay otros autores que demuestran que tiene tres siglos- según algunos estudiosos y conocedores de la trayectoria de la antes nombrada taberna, como don Antonio Díaz-Cañabate, abogado, juez, periodista-colaborador de el diario: “ABC”-, cronista oficial de Madrid y escritor, que, es el autor del libro: “Historia de una Taberna”, editado su primera edición en 1944, que pasó sin pena ni gloria, todo lo contrario que ocurrió con la segunda edición de 1947, que publicó la prestigiosa editorial: “Espasa-Calpe”, Madrid., y cuyo ejemplar del libro dedicó personalmente a mi padre, Francisco Brotóns Gonzálvez, que era el que elaboraba los vinos en aquella época remota, aunque el tinto siguió elaborándolo en la vieja bodega hasta que pudo.


Ni que decir tiene que dicha tasca la incluí en las dos ediciones de mi libro: “El vino de Valdepeñas en las tabernas de Madrid” (1999 y 2003), junto a otras como: Casa Labra, El comunista, Casa Sierra, La Bola, Casa Ciriaco, Carmencita, Casa Paco, entre las pocas que ya va quedando y que se conserven más o menos bien cuidadas, donde el vino de Valdepeñas blanco o tinto, envasado en las típicas frascas de cristal transparente, corría por sus preciosos y antiguos mostradores de zinc.


LA TABERNA.


La taberna no se sabe exactamente cuando se abrió, ya que, anteriormente fue una posada, pero si hay constancia de que en 1830 ya estaba abierta, hasta que, en 1884 pasó a propiedad del valdepeñero Antonio Sánchez Ruiz-opinión que no comparte el autor del libro, que dice y documenta que fue en 1892-, padre del torero, pintor y tabernero Antonio Sánchez Ugarte, que fue el que la heredó, pasando, tras su muerte a su hermana Lola, ya que ambos eran solteros y vivían en la misma casa, encima de la taberna, donde Antonio tenía una exposición de óleos suyos y de su maestro y amigo Ignacio Zuloaga.


Cuando yo conocí la taberna, siendo un niño llevado de la mano de mi antecesor, tenía una escalera de madera, que subía a la vivienda antes citada, piso en el que comí y dormí varias veces, en mis tiempos de milicia, ya que mi padre me dijo, que eran como de la familia y si necesitaba dinero o cualquier otra cosa, me pasara por la taberna y se lo pidiera a Lola-la hermana de Antonio- o a Anastasio- “Tasio”-, el tabernero de toda la vida, que entró a trabajar de muy chico, enfrascando el vino y su jubiló a su edad reglamentaria, lo que ocasionó el cierre temporal de la taberna, que se salvó milagrosamente de ser derruida o convertida en un bar de copas largas… o en cualquier otro local vulgar, dado que estuvo puesta a la venta.


LAS TERTULIAS.


Dicha tasca ilustrada, en la que con el vino que hacía mi antecesor antes nombrado, en la década de los años 40 y 50 del pasado siglo, tenían tertulia semanal los siguientes personajes, entre otros, el prestigioso doctor Gregorio Marañón; los escritores: Pío Baroja, Julio Camba, José María de Cossío; los pintores: Ignacio Zuloaga, Vázquez Díaz y Joaquín Sorolla; el escultor Juan Cristóbal; el afamado torero Juan Belmonte y el ya citado Antonio Díaz-Cañabate, que, en su libro: “Historia de una Taberna”, elogia los vinos que hacia mi progenitor, en el que dice: “…Reverencio al vino de Valdepeñas; por eso al acercarme a este pueblo famoso y distinguir sus viñedos, se me alegran las pajaritas al paladar y con la imaginación un buen trago de Valdepeñas, confortante y reparador”; añade, refriéndose a los vinos que fabricaba mi papá: “Excelente el legitimo Valdepeñas encerrado en los esbeltos y graciosos frascos de tanto carácter madrileño”.


Posteriormente, la taberna siguió teniendo tertulias de reputados poetas, escritores, pintores, críticos…, entre ellos, cabe citar al grupo de los: “Postistas”, que en pleno franquismo inquisitorial se reunían para degustar los vinos de mi familia y conspirar contra el gobierno del dictador Francisco Franco, entre otros: Carlos Edmundo de Ory, Gabino Alejandro Carriedo, Carlos de la Rica, Santiago Amón, Gloria Fuertes- más de un vino que tomé con ella en la taberna-, Ángel Crespo- que entre la correspondencia que conservo de él, hay una carta, en la que me informa de las muchas frascas de los vinos de Brotons que degustaban en dicha taberna-, y mi paisano, mentor y amigo, el dramaturgo, escritor, figurinista, dibujante, escenográfo… Francisco Nieva, el Valle-Inclán del siglo XXI. Por cierto, que Valle-Inclán también se cuenta que fue parroquiano de la taberna.


Años después, la antes expresada tasca, cuando ya la regentaba: “Curro”, al que también conocí y traté -cuando yo iba a Madrid casi todos los fines de semana y almorzaba o cenaba en ella con amigos y paisanos-, pasaron por la taberna otros personajes de la época y de años anteriores como: José Luis Pécker, Luis Carandell y el gran Camilo José Cela (Premio Nobel), que escribieron sobre dicha taberna, su manduca y los vinos de Brotons, destacando especialmente el magnífico artículo que Cela publicó en el diario: “ABC”.


OTROS CLIENTES FAMOSOS.


Otros clientes famosos de la taberna pertenecientes al mundo de espectáculo, según escribe el autor del libro, han sido: Joaquín Sabina, Ana Belén, Pedro Almodóvar, Joaquín Cortés, Camarón de la Isla, Paco de Lucia, el Príncipe Gitano, Rafael Farina, Tomatito, el Cigala…


También los políticos: Tierno Galván, Juan Barranco, Enrique Mújica y los toreros: Julián López- el Juli-, Antonio y Ángel Luis Bienvenida, Curro Vázquez, Espartaco, Paco Ojeda, Rafael de Paula, entre otros perteneciente al mundo del toreo…, que siempre ha estado muy presente en la taberna, ya que históricamente ha sido un local relacionado con el mundillo de los toros y el arte, dado que, Antonio Sánchez, fue buen torero y de los que se arribaban mucho, hasta el extremo de que tuvo 22 cornadas y la última estuvo a un paso de la muerte, que fue la que le decidió a abandonar su profesión de matador y dedicarse a pintar y a regentar su taberna.


EL VINO DE BROTONS


El artífice del libro escribe en un uno de sus apartados la cita de don Gregorio Marañón: “Vivir, es defenderse de la vida que nos va matando. En esta lucha, la eficacia del vino es incalculable”, redactando a continuación el creador del tomo Antonio Pasies Monfort: “Éstas son las palabras del eminente doctor Gregorio Marañón declarado buen degustador del vino de Valdepeñas y cliente hasta su muerte de las Bodegas Brotons, las mismas bodegas que hasta su cierre en 1992, suministraron el vino a Antonio Sánchez. Tenían fama de ser caldos de calidad lo que hacía que también fuesen de los más caros que se podían comprar en las tabernas madrileñas…”.


Dicho vino, se comenzó a enviar en pellejos de piel de cabra o macho cabrío, posteriormente, se le enviaba en cubas o en una cisterna de 5.800 litros, que se le suministraba todos los meses, que había que descargar después de las 12 de la noche; cisterna que tenía una manga que se ajustaba a la boca del citado depósito y con la que se llenaban las tinajas de barro que tenía y siguen conservando en la cueva de la taberna.


Años más tarde, cuando el consumo del vino descendió, se le proveía en garrafas de vidrio blanco o verde y con una capacidad de 16 litros- una arroba- , y algunas cajas de vino embotellado, pero preferían los vinos a granel, ya que nunca perdió la centenaria tradición de llenar las frascas, “el enfrascado”, algo que se hacía en la cueva y con un pequeño:”montacargas- botellero”, lo subían manualmente de la cueva subterránea a la taberna, artilugio que todavía conserva y que se sigue utilizando, como el reloj más que centenario y la caja registradora, que funcionaba en pesetas y céntimos, que ahora está sólo de decoración, como las cabezas de toros y las paredes estucadas con los retratos de toreros del siglos XIX, junto a las mesas y banquetas vetustas, en las que posaron sus posaderas mi admirado don Pío Baroja, entre otros muchos grandes genios de la literatura, la pintura, la medicina, la escultura…



ANTONIO SANCHEZ, PINTOR.


Como pintor, fue un creador realista y autodidacta, cuya obra tiene influencias de Zuloaga, que fue su maestro, pero su obra tenía cierta personalidad y carácter propio, como lo demuestra que ganara bastantes premios, entre ellos, cinco galardones en la ya entonces prestigiosa: “Exposición de Artes Plásticas de Valdepeñas”, muestra a la que acudió bastantes veces y cuyos cuadros- debidamente envueltos y protegidos- traía a la ciudad vinatera el camión de las bodegas familiares: Matías Brotóns y Hermanos.


Asimismo, Antonio, era un interesante dibujante, como lo demuestra, entre otros, en el retrato que le hizo a su cuñado Cecilio Muñoz Fillol y a mi tío paterno Matías, que le realizó un retrato a carboncillo y ceras, en los años 50, que tiene bastante fuerza y personalidad, ya que, en dicha obra, se aprecia perfectamente el carácter… de mi tío paterno, que era el mayor de los hermanos y ejercía de patriarca de la familia y parecía el jefe de todo y de todos, pero era un accionista más de la sociedad mercantil antes citada: “Matías Brotons, Hermanos y Compañía”, que con un capital compuesto de 200.000 pesetas de la época, que aportaron: 50.000 pesetas cada uno de los socios, que eran mi abuelo Joaquín, mis tíos: Matías y Joaquín, junto a mi padre, Francisco Brotóns Gonzálvez.


Estimados lectores, finalizo sugiriéndoles que, si aman la cultura del vino, las tabernas centenarias, históricas, emblemáticas y repletas de leyendas, no dejen de leer este excelente trabajo literario, histórico y muy conseguido, ya que es un libro muy “currado”, que lleva por título: “Historia de la taberna más antigua de Madrid: Antonio Sánchez”.


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