Exposición 'La Mancha al sol', en Valdepeñas (escritores de la provincia de Ciudad Real)

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Joaquín Brotons Peñasco

www.joaquinbrotons.com



Hasta el 9 de marzo se podrá ver en Valdepeñas, en el Centro Cultural: “La Confianza”, situado en la calle: Real nº 8 (Antiguo Casino: “La Confianza”), la muestra del nombre del titular del artículo, en el que de forma breve, pero clara, se puede observar una concisa reseña de la obra de 21 escritores nacidos/as en la provincia, en la primera mitad del pasado siglo.


Los artífices seleccionado son: Luisa Alberca, Juan Alcaide, Valentín Arteaga, Pascual Antonio Beño Galiana, Eladio Cabañero, Vicente Cano, Dionisio Cañas, Natividad Cepeda, Ángel Crespo, José Corredor Matheos, Manolita Espinosa, Antonio Fernández Molina, María Antonia García León, Francisco García Pavón, Félix Grande, Nicolás del Hierro, Francisco Mena Cantero, Domingo Miras, Francisco Nieva, Sagrario Torres y Juan Torres.


Salvo a Luis Alberca, Juan Alcaide- al que tanto he leído y preocupado por su vida y su obra-, María Antonia García León, Domingo Miras y Juan Torres, traté e intimé con todos los demás y mantuve correspondencia con la mayoría de ellos, ya de todos/as fui amigo. Claro, mucho más de unos que de otros/as, dada la pésima relación que suele haber entre escritores, donde en el mundillo de la pluma abundan las envidias, los rencores, los celos artísticos…., los pedantes insoportables, que se cree García Lorca y que suelen ser los más mediocres, casi siempre.


LOS ESCRITORES.


A Eladio Cabañero- bueno como un pan, tomellosero hasta la médula y gran poeta - y Paco García Pavón- irónico, inteligente, creativo y también muy tomellosero- los conocí en los primeros años 70, en el Café Gijón, donde todos los días iban a su tertulia, en la que charlábamos y compartíamos el café, la amistad y alguna que otra copa del famoso coñac Peinado, que los dos paisanos exigieron a don José, el entonces dueño del Gijón, que tenía que tenerlo expuesto en las alacenas, junto a las bebidas caras y buenas.


También a el cura-poeta y muy buena persona Valentín Artega, lo conocí en Tomelloso, gracias a que me lo presentó mi viejo amigo Tomás Casero Becerra, ambos buenos amigos a los que estoy eternamente agradecido, porque cuando media Castilla-La Mancha me crucificaba por mi atrevimiento de escribir y publicar poesía homoerótica, en aquellos años, en los que podían haberme aplicado la famosa ley de: “Peligrosidad Social, dado que era un tema prohibido, ellos, que dirigían, entre otros, la prestigiosa revista literaria: “El Cardo de Bronce”, me dedicaron un número extraordinario, en el que colaboraron más de 60 escritores, entre los que cabe destacar a Pablo García Baena (Premio Príncipe de Asturias), Luis García Montero (Premio de la Crítica), Carlos Murciano (Premio Nacional de Literatura), Luis Antonio de Villena y Vicente Núñez (Premios de la Crítica), entre otros muchos autores: filólogos, catedráticos de Universidad o de Instituto, profesores… que harían interminable el artículo.


Igualmente a Vicente Cano lo conocí en Valdepeñas, en una: “Cata del Vino Nuevo y Anochecer Poético”, siendo yo poco más que adolescente en la cueva-bodega centenaria del grupo artístico-literario: “El Trascacho”, que, enseguida me empezó a enviar la revista: “Manxa” y me pidió colaboración, algo que hice, pero muy sorprendido, ya que yo no era nadie en el mundo de la Literatura, pero es que la extrema bondad de Vicente, hombre sencillo, entrañable, cabal y buena persona, que era amigo de sus amigos, debió ver algo en mí, cuando mientras un poeta leía sus versos y a mí se me nublaron los ojos de lágrimas, algo que también me pasó una vez escuchando a un gitano cantar, que me brotaron las lágrimas y el patriarca, que estaba junto a mí, me espetó: “Eres de ley, payo”.


Pascual Antonio Beño, fue para mí como un hermano, que nos apreciamos y ambos éramos admiradores de nuestras respectivas obras. Poco, muy poco, desgraciadamente se ha escrito de Beño, pero era un dramaturgo de primera fila y un prosista muy interesante, especialmente en sus artículos y reseñas de libros, donde destripaba muy acertadamente al autor y su obra. Me cabe la satisfacción de poder decir, que es uno de los pocos críticos literarios de Castilla-La Mancha, de aquella generación, que reseñaron todos mis libros, hasta su muerte, como pueden ver en mi página Web: www.joaquinbrotons.com


Qué decir de Nicolás de Hierro, gran poeta y ser humano, que también le debo mucho, ya que me abrió las puertas de la Casa de La Mancha, en Madrid, donde me invitó a que presentará siempre mis poemarios, siendo él, el primero en presentarme mi libro: “Poemas para los Muertos”.


Para mis paisanos Francisco Nieva y Sagrario Torres, también tengo palabras de agradecimiento, especialmente a Nieva, que me presentó en la citada Casa de la Mancha, en la Villa y Corte, mi segundo libro: “Las máscaras del desamor”, cuando otros de cuyos nombres no quiero acordarme me lo negaron, nada más leer el libro, excusándose muy finamente…


Pero a José Corredor Matheos, no lo conocí personalmente hasta muy tarde, donde compartí un jurado de novela, celebrado en Valdepeñas, el Premio Ana de Castro, donde fue premiada por mayoría del jurado, la novela de Alfonso Manzanares Garvín: ¿Qué bonita es la madera de Ataúd? Es una pena, que ese premio ya no se siga convocando.


Ángel Crespo, extraordinaria persona y excelente poeta, crítico literario y de arte, también entré en contacto con él más tarde, cuando estaba en Puerto Rico de profesor, que empezamos a cartearnos. Como me ocurrió con Dionisio Cañas, que estaba de catedrático en Nueva York, pero muchos veranos venía a su querido pueblo, Tomelloso, donde no sé si vino él a Valdepeñas o yo fui a Tomelloso, pero tuvimos-tenemos- buena amistad y bastante correspondencia, que guardo en mi archivo, como de todos los citados anteriormente, incluido también Félix Grande, que su apellido era tan grande como él, magnífico poeta y prosista y buen buena gente, como dicen en Andalucía. Así como su entonces esposa-hoy viuda- Francisca Aguirre, también muy buena poeta y mujer sencilla, llena de ternura.


Asimismo, en unas Jornadas Poéticas Cuenca, conocí a Antonio Fernández Molina, que nunca me interesó demasiado como escritor, pero, especialmente, después de ver el numerito que montó en el comedor del restaurante donde almorzábamos todos, ya que no le tenían mesa reservada y cuando llegó estaba todo completo, pero es que no se reservaban mesas para nadie, lo que me ocasionó ver con disgusto, que era un soberbio y pedante en extremo, aunque no dejo de reconocer que tiene obras interesantes, pero, en mi opinión, creo que es más el ruido que las nueces. Me ocurre un poco lo que a Cernuda con Guillen, que cuando le preguntaron al sevillano por el salamantino, dijo: “Guillén, es uno de esos grandes poetas, que nunca me interesaron”.


Con Mena Cantero, me llevaba muy bien, dado que es un hombre culto, que elogió mis primeros libros y buen consejero, y un crítico literario muy exigente, pero una tontería…, que no viene a cuento contar aquí, nos distanció y ya nuestra amistad nunca volvió a ser igual.


Natividad Cepeda, no es mala poeta, pero me gusta más como prosista, en mi opinión, claro, que es discutible, como todo en la vida. A pesar de ello, nos hemos tratado poco personalmente, pero ella me envía algunos de sus libros y yo le remito algunos de los míos, incluso el último que recibí de ella, creo recordar que le dije, que me parecía su mejor poemario. Igualmente me pasó con Manolita Espinosa, que apenas nos hemos tratado personalmente, pero me parece una mujer buena escritora y mejor persona, que ha entregado su vida a la función de bibliotecaria en el precioso pueblo de Almagro.


En fin, que, salvo los cinco citados al principio de la reseña, los demás los he tratado a todos/as y he sido muy amigo de la mayoría, hasta el extremo de que guardo toda la correspondencia de ellos/as, en mi archivo, que lo componen varios baúles, que algún día alguien puede estar interesado en dicha documentación, que es importantísima.


Bienvenida sea esta exposición a Valdepeñas, que a mucha gente le dará a conocer la obra de escritores/as de ésta tierra; muestra, que ha patrocinado la Consejería de Educación, Cultura y Deportes, de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y ha sido coordinada por la Dirección Provincial de Educación, Cultura y Deportes de Ciudad Real (Servicio de Cultura), y cuya documentación de apoyo ha salido del soberbio libro: “La tierra iluminada”, el mejor diccionario literario de Castilla-La Mancha, cuyo autor es mi viejo amigo Francisco Gómez Porro, al que no veo hace años, ni sé nada de él, pero con el que he compartido mucho el vino, la amistad, la literatura… en Málaga, Madrid, Valdepeñas y el su pueblo, Villarrubia de los Ojos, donde tuvieron el fino y exquisito detalle de ponerle su nombre a la Biblioteca Municipal.


Sirvan de homenaje a todos/as los escritores incluidos, pero muy especialmente a los fallecidos, que son la mayoría de esta exposición: La Mancha al Sol (Escritores de la provincia de Ciudad Real).


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