España se arrastra

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No se sabe, si merece la pena insistir en atajar la miopía política existente, cuando la enfermedad ya rebasa los límites de todo lo factible. Como explicaba Ortega (“Imperio de las masas”) ¿Cómo va a haber organización en la política española, si no la hay ni siquiera en las conversaciones? España se arrastra no tan solo en su política, sino lo que es más hondo y sustantivo que la política, en la convivencia social misma.



Nuestro pueblo de Valdepeñas tampoco puede ser ajeno a un fenómeno general de incertidumbre y apatía, con rasgos de desconfianza hacia lo “despectivo” de la política y eso sin mencionar la falta de autenticidad y honradez de muchos “poli castros” y “poli castras” (según la moda de ciertas feministas y feministos) que puestos a suprimir no sabemos a dónde quieren llegar. ¿Hay que tratar de olvidar lo importante?



Para muchos de nosotros es peor tapar “identidades” como la de José Antonio Moral Santin ( I.U.) y el uso de 456.000 € con su tarjeta black como Blesa y Rato y otros “presuntos” delincuentes, pues ya “todo vale” para perpetuar los “iluminados” prestigiosos de una política en caída libre hacia el colapso histórico que anunciaba Ortega, donde no funcionará ningún mecanismo de los que integran la máquina pública: hoy se parará una institución, mañana será el lenguaje, las pensiones, la unidad patria, el Parlamento o “el sistema” ante la ausencia de ejemplaridad en quienes debiéramos confiar.



Se hacen “asambleas ciudadanas” – dicen que para recoger el sentir de la ciudadanía… pero que no se te ocurra manifestar opinión crítica alguna, pues como una sola piña, cerraran filas aplastándote… ¿ Eso es la nueva democracia que impulsa un nuevo lenguaje no-sexista de los que abogan por “jilipollos”, “cargas públicas”, “ciudadanos- ciudadanas”…



¡ Que risa, o qué horror de los que dicen defender la memoria histórica, mientras no se aplique a sus “ convicciones” !


Pero vendrán tiempos mejores que pondrán a cada uno en su sitio: “zapatero a tus zapatos”, como un nuevo amanecer que sepa reconocer lo bien hecho, dando luz a los que sólo saben proyectar sombras