'Dorados días de sol y noche', de Luis A. de Villena

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En mi ya larga vida de lector empedernido, en la que he leído todo lo que ha caído en mis manos, entre ello varios miles de libros de todas las materias: Poesía, narración, teatro, ensayo…, pero en los últimos años he de confesar, que tengo cierta preferencia por las biografías, que suelen ser amenas, entretenidas y cómodas de leer, especialmente las de importantes artistas: poetas, escritores, músicos, pintores, fotógrafos, bailarines, actores… Si investigas un poco en la vida del autor-siempre que estén escritas por él o ella, claro-, te das cuenta, que la mayoría de las veces son memorias noveladas o inventadas…, y pocas, muy pocas veces, te encuentras con unas memorias verdaderas, vividas por el autor. Éste es el caso que me ha ocurrido con los dos tomos de memorias del prestigioso escritor Luis Antonio de Villena, particularmente el volumen número 2, titulado: “Dorados días de sol noche”, recientemente publicado por la afamada editorial Pre-Textos, en su colección: “Narrativa contemporánea”, libro que está teniendo un tremendo éxito de crítica y ventas, como corresponde a uno de los mejores escritores vivos en lengua española.



Conozco al autor personalmente desde 1980 y he compartido con él algunas de éstas noches de las que relata en el citado libro, que es un lujo y una satisfacción leer y puedo dar fe de que son verídicas, vividas intensamente, quizás demasiado…, buscando obsesivamente siempre la belleza, cuál enfermo necesita su medicación o su droga para poder resistir la vida…, que resulta casi siempre tan ingrata.



Por sus páginas aparecen todos los seres noctámbulos de la noche madrileña- cuando Madrid tenía noche nocturna, que ahora es una triste y pobre tumba, un panteón- como el citado Villena escribió en una de sus mejores novelas, cuyo título era: “Madrid ha muerto”. Efectivamente, aquella noche madrileña de los últimos años 70 -tras morir el dictador- y la década de los 80 y parte de los 90, ya no existe, no queda nada, solamente recuerdos, que abrasan como cenizas candentes…



Los que vivimos: “La movida madrileña” y la nocturnidad de aquellos años, nos asombramos hoy en día de que todo haya desaparecido, que, Madrid sea una ciudad muerta, cuando llegan las 12 de la noche: las calles vacías, los bares cerrados, los chicos jóvenes ya no salen a: “buscarse la vida” a los bares de ambiente gay, que eran su vida, los que les permitían ciertos caprichos y noches de placer. Actualmente, la inmensa mayoría son tarifados, que trabajan en agencias o por Internet, donde sí se han multiplicado mucho, pero ya no es lo mismo, que aquellos jóvenes bisexuales, en su inmensa mayoría- muchos de ellos con novia- , pero felizmente abiertos a todo… y con ganas de nuevas aventuras, de vivir intensamente la vida, de probar cosas nuevas…



Por las páginas de: “Dorados días de sol y noche”, aparecen todas las criaturas nocturnas de la vida de aquellos años: las actrices: María Asquerino y Mónica Randall; el atrevido cineasta Eloy de la Iglesia; el famoso cantante Joaquín Sabina; el fino y exquisito Luis Escobar, Marqués de Las Marismas y actor, que ya casi anciano, pululaba por los garitos nocturnos, en busca de belleza masculina; los poetas Jaime Gil de Biedma, Julio Aumente, Ángel González, Claudio Rodríguez, Bousoño, Francisco Brines, Leopoldo María Panero; los escritores: Benet, Caballero Bonald, Fernando Delgado, Mendicutti, Terenci Moix, José Olivio Jiménez, Vicente Molina Foix , Fernando Savater, Eduardo Haro Ibars, Leopoldo Alas, el reputado dramaturgo paisano y amigo Paco Nieva, entre tantos otros seres de la nocturnidad de la Villa y Corte, junto a los últimos bohemios verdaderos y otras criaturas que vivían de noche, mezclados con grandes artistas, chicos de la calle…., algunos venales, que se dejaban querer…



También aparece el famoso bar: Oliver y la discoteca: O´Clock, que fue la primera discoteca de ambiente gay de Madrid, en la que tantas veces yo quedaba con mi paisano y querido amigo el actor Valentín Hidalgo Rubio, en la que una noche estuvimos con el autor de éstas magníficas memorias, compartiendo el alcohol y la amistad, tras presentarme Villena en 1982, en Madrid, mi libro: “El espejo de la belleza”, y cenar los tres: Villena, Valentín y el autor de este artículo en un restaurante del barrio de Chueca- aquella zona gay, que nada tenía que ver con la actual-, tan masificada los días festivos y fines de semana, pero solitaria los días laborables.



Además, las páginas de este soberbio volumen, se leen sin apenas darse cuenta, dado que está dividido en capítulos en los que Villena escribe sobre su relación con grandes poetas y escritores como: Octavio Paz, Juan Gil Albert, Rosa Chacel, José Hierro y otros muchos que conoció y trató en otros países como: Egipto, Marruecos, Francia, Cuba, Nueva York, Italia, Colombia…, dado que es un autor de los pocos de este país que vive solamente de la literatura y que ha viajado más que los “baúles de la Piquer”, como decía un pariente mío, ya que es invitado a hacer lecturas de su obra o presentaciones, conferencias… en muchos países.



En fin, queridos lectores, unas memorias valientes, atrevidas, sinceras, propias de un gran escritor vitalista, un hedonista, un enfermo de la belleza que la ha perseguido y encontrado por todo el mundo. No es un libro exclusivo para homosexuales, ya que cualquier persona medianamente culta, inteligente y liberal…, que conozca las culturas griegas y romanas, que no sólo eran permisivas con la homosexualidad, sino que la ensalzaban y elogiaban, puede leer las citadas memorias, sin escandalizarse, donde su artífice nos narra sus aventuras y amores homoeróticos, pero sin ningún pudor, ni falsa moral, tal y como fueron, entre otros temas, algo que se pueden contar con los dedos de la mano de un manco los que se han atrevido a hacerlo, siendo también homosexuales.



Si quiero hacer una advertencia, eso sí, creo que deben abstenerse los que siguen odiando a los homosexuales y nos consideran: “Viciosos”, “enfermos”, “invertidos”, “de la acera de enfrente”, “de la cáscara amarga”, “sarasas” y tantos otros epítetos como nos han dicho, pero muy especialmente los “meapilas”, que todavía son legión y hacen suyo el lema de: “A Dios rogando y con el mazo dando”.



Bienvenidas sean al mundo editorial estas memorias que me han encantado, hasta el extremo de que puedo decir, que es el libro de memorias de las muchas que he leído, que más me han gustado, divertido y recordado parte también de mis años de juventud en la metrópoli madrileña, cuando todavía en los pueblos y ciudades pequeñas nos llamaban con el apelativo famoso de: “Maricones”, que utilizaba y siguen utilizando la chusma, para ofendernos, humillarnos, estigmatizarnos, ningunearnos, algo que nunca consiguieron conmigo, dado que siempre hice mío el famoso dicho: “A palabras necias, oídos sordos” o el otro de: “No ofende quién quiere, sino quien puede”, dado que la mayoría de esos patanes eran analfabetos-aunque algunos habían pasado por la Universidad, pero la Universidad no había pasado por ellos, como decía un compañero mío de aula cuando estudiamos Derecho en la UNED-, gente machista y maliciosa, algunos de ellos también homosexuales reprimidos o camuflados - son los peores-, pero casados la mayoría con una mujer y con hijos y de misa diaria muchos de cuyos nombres no quiero acordarme…, que siempre me dieron pena, dado que debe ser terriblemente triste, que te guste la carne y tengas de comer pescado…, aunque también hay y cada día abundan más los bisexuales, los que un pariente mío decía que hacían: ”A pelo, lana y pluma”, que, en mi opinión, es lo más acertado, ya que así disfrutan todo.



Sólo quiero añadir, que hay que reconocer, que el autor de: “Dorados días de sol y noche”, es, en mi opinión, el Federico García Lorca del siglo XXI, y no se asombren, tiempo al tiempo, que será el que lo sitúe en el sitio que le corresponde, ya que en España: “escribir, no es llorar, es mendigar”, como dijo Larra, algo que no ha hecho nunca Villena, que no ha necesitado trepar, ni pisar a nadie para sobresalir, dado que es un grandísimo escritor y un hombre honesto y de una vasta cultura como pueden ver en su amplio historial literario, que es imposible detallar aquí, dado que ha escrito y publicado, entre poesía, narrativa, ensayo… más de 100 tomos y ha obtenido los siguiente galardones: “Premio Nacional de la Crítica”, “XIX Premio Internacional Ciudad de Melilla”, “VII Premio Internacional Generación del 27”, “Premio Azorín de Novela”, “XXI Premio Sonrisa Vertical”, entre otros, pero si les interesa ver su amplio y excelente currículum literario, lo mejor es que consulten su página: www.luisantoniodevillena.es



Y pongo punto y final diciendo, que uno de los poemarios que más me gustó y me sigue gustado de L.A. de Villena, entre otros muchos, es Hymnica, publicado por le editorial Hiperión, en 1979, donde en la librería que la citada editorial tiene en Madrid, me costó, creo recordar, que 250 pesetas de la época, libro que influyó en mi propia obra, ya que Villena, no es solamente un buen amigo y consejero, es uno de mis Maestros, junto a Cernuda y Cavafis. Que los dioses benignos lo protejan siempre.



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